Reina marcada entre obreras sobre un cuadro

Colonia de abejas: cómo se organiza una colmena, de la reina a las pecoreadoras, en el clima de España

Cómo se organiza una colonia de abejas en España: reina, obreras y zánganos, cría día a día, tareas por edad, danza, calor del verano y cómo leer una colmena.

Una colonia de abejas es una familia de una sola madre: una reina que pone todos los huevos, decenas de miles de obreras que hacen todo el trabajo y cambian de oficio según su edad, y unos cientos o miles de zánganos que solo sirven para fecundar reinas. No hay jefe ni órdenes. La colonia se regula con feromonas, con el contacto continuo entre abejas y con la cría, que ocupa el centro del nido y marca el ritmo de todo lo demás. En España, además, ese ritmo cambia mucho según la comarca: la colonia de un colmenar de la Axarquía no vive el año como la de un colmenar de Soria o de Liébana.

Entenderlo es lo que permite abrir una colmena, mirar tres cuadros y saber si va bien, si prepara un enjambre, si ha perdido la reina o si el calor de agosto la aprieta.

¿Cuántas abejas hay en una colmena a lo largo del año?

En plena primavera, una colonia fuerte reúne unas 30.000 a 60.000 obreras, una reina y una población de zánganos muy variable, de unos cientos a unos miles. Son órdenes de magnitud: el número real depende de la reina, de la floración, del año y del manejo.

En España cambia la forma de la curva. En Centroeuropa la población culmina en verano y cae en invierno; en buena parte de la Península hay dos picos y dos bajones. El equipo de José Manuel Flores en la Universidad de Córdoba siguió de marzo de 2016 a febrero de 2018 diez colmenas Langstroth de abeja ibérica en su colmenar experimental, con sensores dentro de cada colmena. Gil-Lebrero y colaboradores (Sustainability, 2020) describen dos máximos de cría y de obreras, uno mayor en primavera y otro menor en otoño, y dos periodos en los que la población baja, que coinciden con el verano y con el invierno. Añaden que, en la abeja ibérica, los periodos sin cría son más probables en verano que en invierno.

Zona Invierno Primavera Verano Otoño
Costa mediterránea, Andalucía baja, Canarias Racimo flojo; la reina suele seguir con algo de cría en días templados Gran desarrollo desde enero o febrero Bajón de población; posible parada de puesta con la sequía Segundo empuje si llueve y hay floración
Meseta e interior Racimo y parada de puesta en lo más frío Arranque en marzo y abril Mielada de verano en zonas de lavanda o encina; parón en el sur de la Meseta Cría de abejas de invierno, población a la baja
Cornisa cantábrica, Pirineo, montaña Parada de puesta más larga, colonia encerrada Arranque más tardío Cría continua con zarza y castaño Cría de abejas de invierno en septiembre y octubre

El detalle mes a mes está en el calendario apícola: la colonia no sigue el reloj, sigue al néctar, al polen y a la temperatura.

La reina: la madre de toda la colonia

La reina es la única hembra fecundada. Es más larga que una obrera, con un abdomen que sobresale de las alas, y no pecorea, no construye ni cuida la cría. Tiene dos funciones:

  • Poner huevos. Los apuntes de apicultura de la Universidad de La Laguna dan unos 1.500 huevos diarios en plena primavera y hasta 3.000 con floraciones abundantes, ritmo que solo dura unas semanas.
  • Mantener la cohesión. Sus feromonas, repartidas por las obreras de su corte, informan sin pausa de que hay una reina presente y fértil.

Se fecunda en sus primeros días de vida con una docena o más de zánganos y guarda ese esperma toda su vida. Por eso sus obreras son hermanas de madre pero no todas del mismo padre: las hijas de un mismo zángano son «superhermanas»; las de padres distintos, medio hermanas. Y por eso, cuando el esperma se agota o la reina envejece, la puesta baja. Según los apuntes de La Laguna, su vida productiva normal es de dos a tres años, con un máximo de cuatro o cinco.

Todo lo práctico sobre la reina, de cómo encontrarla al color de marcado de 2026, está en el artículo sobre la abeja reina.

Las obreras: todo el trabajo, repartido por edades

Las obreras son hembras como la reina, salidas de huevos fecundados, pero con el aparato reproductor atrofiado porque de larvas no recibieron la alimentación de reina. Hacen todo: limpiar, criar, construir, almacenar, defender, ventilar, calentar y pecorear.

Las tareas de las abejas según su edad

En primavera y verano, la obrera cambia de oficio a medida que envejece: es el polietismo de edad. Empieza dentro, en el centro del nido, y acaba fuera, en el trabajo más arriesgado. Brian Johnson resume en Behavioral Ecology and Sociobiology (2010) cuatro etapas:

Edad aproximada Grupo Tareas principales
Primeros días Limpiadoras Limpian y pulen las celdas para que la reina vuelva a poner o se almacene comida
Unos 4 a 12 días Nodrizas Alimentan a las larvas y a la reina con la secreción de sus glándulas hipofaríngeas
Unos 12 a 21 días Abejas de edad media Construyen panal, reciben y maduran el néctar, almacenan, mantienen el nido y vigilan la piquera
Desde unas 3 semanas Pecoreadoras Traen néctar, polen, agua y propóleo hasta morir agotadas en un par de semanas

Las cereras segregan la cera en escamas por glándulas bajo el abdomen; las receptoras concentran el néctar en las celdas hasta hacer miel; las guardianas comprueban el olor de quien entra y frenan el pillaje, que en España se dispara en cuanto se corta el néctar en verano.

Un horario que se adapta

Ese calendario es una tendencia, no una regla. Johnson destaca que el reparto depende de lo que necesita la colonia: si se retiran experimentalmente las abejas más jóvenes, en torno al 20 % de las pecoreadoras recuperan la capacidad de criar; si faltan pecoreadoras, abejas jóvenes salen al campo antes de tiempo.

El ajuste pasa por señales químicas. La feromona de la cría mantiene activas las glándulas de las nodrizas; la feromona mandibular de la reina frena en las abejas jóvenes la hormona juvenil que las empuja hacia fuera; y las pecoreadoras llevan en el buche oleato de etilo, que pasan en los intercambios de alimento y retrasa la maduración de las abejas de interior. Cuando mueren muchas pecoreadoras, por un fitosanitario o por la Vespa velutina en la cornisa cantábrica, baja ese freno y las jóvenes salen antes. Por eso un núcleo bien hecho arranca: la colonia reorganiza a su gente en pocos días.

Abejas de verano y abejas de invierno

La vida de una obrera depende sobre todo de cuándo nace. Una abeja de primavera o verano vive unas cinco o seis semanas. Una abeja nacida a finales del verano o en otoño puede vivir varios meses. No es solo una abeja que trabaja menos: Döke, Frazier y Grozinger (Current Opinion in Insect Science, 2015) describen un estado fisiológico y de comportamiento distinto. Johnson añade que se parecen a las nodrizas por sus reservas de vitelogenina, una proteína de reserva, y su poca hormona juvenil, y cita abejas de invierno que pecoreaban con más de 280 días.

En la Meseta norte o en la montaña, la colonia cría sus abejas de invierno en septiembre y octubre y luego para. En la costa mediterránea, la reina sigue poniendo algo casi todo el invierno y la colonia mezcla abejas longevas y cortas; allí el periodo más parecido al invierno centroeuropeo puede ser el agostamiento.

Esas semanas en las que nacen las abejas de invierno son también las de más varroa. Si la cría que las produce está parasitada, nacen abejas de vida corta y la colonia se vacía en pleno invierno. En la encuesta COLOSS del invierno 2019-2020, España declaró un 36,5 % de pérdidas totales de colonias; el control de la varroa a final de verano es lo que más pesa en esa cifra que depende del apicultor.

Los zánganos: machos para la siguiente generación

De dónde salen

Los zánganos salen de huevos sin fecundar: tienen madre, pero no padre. Es la haplodiploidía de las abejas: huevo fecundado, hembra; huevo sin fecundar, macho. La reina elige qué pone según el tamaño de la celda: en las celdas grandes de zángano deposita huevos sin fecundar. Por eso una colonia con obreras ponedoras, que no pueden fecundar, solo produce zánganos.

Zonas de congregación

Su única función es fecundar reinas jóvenes, de su colonia o de cualquier otra. Según la revisión de Rangel y Fisher (Apidologie, 2019), se reúnen en zonas de congregación, en el aire, a varias decenas de metros de altura, que se repiten de un año a otro. El zángano que se aparea muere en el acto. Las autoras recuerdan que la calidad del esperma depende también de la nutrición, la edad, el calor y los acaricidas.

Cuándo se expulsan en España

Las obreras toleran a los zánganos mientras hay néctar y polen de sobra. Cuando el flujo se corta, dejan de alimentarlos, los arrinconan y los sacan a rastras por la piquera. Los apuntes de la Universidad de La Laguna llaman a esto la «matanza de zánganos» y la sitúan al entrar el otoño, cuando se agotan las flores y baja la temperatura. Añaden que en climas suaves como el de Canarias la actividad no cesa en invierno y se ven zánganos todo el año.

En la Península el momento depende del néctar más que del calendario. Donde el agostamiento corta la floración en pleno verano, como en buena parte del sur, la expulsión puede adelantarse; donde hay flujo hasta tarde, como con el brezo o la zarza en el norte, se retrasa. La señal real es el corte del néctar en tu comarca, no el mes.

En el interior, una colonia que conserva zánganos en pleno invierno, cuando las demás ya no tienen, merece una revisión: puede estar huérfana o con una reina que falla. En Canarias o en la costa más cálida esa señal vale mucho menos.

La cría: huevos, larvas y pupas día a día

Duraciones de desarrollo

Las tres castas pasan por huevo, larva, pupa y adulto, pero a ritmos distintos. Los apuntes de la Universidad de La Laguna dan estas duraciones:

Casta Huevo Larva (celda abierta) Pupa (celda operculada) Total
Reina 3 días 5,5 a 6 días 7 a 7,5 días 16 días
Obrera 3 días unos 6 días unos 12 días 21 días
Zángano 3 días unos 6 días 15 a 15,5 días 24 días

Estas cifras tienen tres usos directos. Si ves huevos, la reina estaba ahí hace menos de tres días. Si una colonia pierde la reina, puede sacar otra en 16 días a partir de un huevo o de una larva muy joven. Y el ciclo largo del zángano es justo lo que aprovecha la varroa para reproducirse. El desarrollo completo de cada fase está en el artículo sobre el ciclo de vida de la abeja.

Reina u obrera: cuestión de alimentación

Una larva de obrera y una de reina salen del mismo huevo fecundado. Lo que cambia es lo que comen. Las larvas destinadas a reina reciben jalea real en abundancia durante todo su desarrollo, en una celda grande y vertical, la realera. Las de obrera reciben un alimento distinto y, a partir del tercer día, más pobre en ciertos componentes. Por eso una colonia huérfana puede criar una reina si tiene larvas de obrera de menos de tres días.

Cómo se ordena el nido

Un nido natural no es un caos. Thomas Seeley y Roger Morse comprobaron en 1978 que los enjambres prefieren cavidades de unos 40 litros. Dentro, la colonia organiza los panales en una estructura que se repite:

  • en el centro, la cría, en una masa más o menos esférica repartida en varios panales vecinos;
  • alrededor, una corona de polen, cerca de las nodrizas que lo consumen;
  • más afuera y arriba, la miel, en el borde de los panales y en los panales exteriores.

En una colmena vertical, Langstroth o Dadant, ese orden se lee de abajo arriba: cría en la cámara, miel arriba y en las alzas. En la Layens, horizontal, se lee de dentro afuera. Sus cuadros, de unos 30 × 35 cm de cera según Antonio Gómez Pajuelo, son más altos que anchos: la cría ocupa la parte media y baja de los cuadros centrales, la miel el tercio superior y los cuadros laterales. Por eso la colmena Layens se maneja abriendo espacio a los lados en vez de subir alzas.

Leer un cuadro de cría

  1. Huevos de pie en el fondo de las celdas, uno por celda: hay reina que puso hace menos de tres días. Varios huevos por celda, pegados a las paredes, apuntan a obreras ponedoras.
  2. Cría en placa compacta: muchas celdas salteadas pueden indicar reina vieja, consanguinidad o larvas enfermas retiradas.
  3. Larvas blancas, brillantes, en forma de C: si están amarillentas, hundidas o estiradas, consulta al veterinario de tu agrupación.
  4. Opérculos sanos: planos y uniformes en obrera, abombados en zángano. Opérculos hundidos, perforados o grasientos pueden ser signo de loque.

Ojo: Kleinhenz y colaboradores (Journal of Experimental Biology, 2003) recuerdan, citando trabajos anteriores, que en un nido sano entre el 8 y el 12 % de las celdas de cría están vacías, y esas celdas cumplen una función, como verás abajo.

¿Cómo mantiene la colonia la temperatura?

Calentar la cría

Según Weinberg y colaboradores (Frontiers in Ecology and Evolution, 2023), la cría de obrera se desarrolla mejor entre 32 y 36 °C, con un óptimo en torno a 35 °C; por debajo de 32 °C aumentan las malformaciones de alas, patas y abdomen, y la supervivencia de las pupas cae a cero a 38 °C.

Para calentar, las obreras contraen los músculos del vuelo sin mover las alas. Kleinhenz y colaboradores observaron con cámara térmica que unas calefactoras se pegan a los opérculos y otras se meten en las celdas vacías entre la cría, quietas hasta 45 minutos; al entrar en la celda tenían el tórax entre 34 y 42,5 °C. Así las celdas de cría se mantuvieron de media entre 33,6 y 35,1 °C.

En la colmena de Córdoba, Gil-Lebrero y colaboradores midieron en el nido de cría una media de 34,3 °C durante dos años, con mínimas exteriores de −2,6 °C y máximas de 47,3 °C. Según los autores, la colonia regula peor la humedad que la temperatura.

El racimo de invierno

Con frío, la colonia se aprieta en un racimo. Según el mismo trabajo de Weinberg, con 2,5 °C fuera, el centro del racimo puede mantenerse por encima de 35 °C, suficiente para criar, mientras la capa exterior se queda por encima de 17 °C. Sin cría, la colonia ahorra y el centro del racimo baja a unos 20 a 25 °C. Derek Mitchell, de la Universidad de Leeds, sostiene con un modelo térmico (2023) que el racimo no aísla, sino que es un sumidero de calor que estresa a la colonia, más en colmenas mal aisladas que en un tronco hueco. En el páramo soriano eso pesa; en Almería, mucho menos.

Enfriar en verano: agua, ventilación y barba

En buena parte de España el problema es el calor. Gil-Lebrero y colaboradores señalan que, para las abejas del sur, mantener la cría exige un esfuerzo extra sobre todo cuando la temperatura exterior pasa de 35 °C, y describen el verano cordobés como el peor periodo del año: largo, muy seco y muy caluroso.

  • Ventilar. Filas de abejas en la piquera baten las alas en la misma dirección y crean una corriente que saca el aire caliente.
  • Evaporar agua. Las aguadoras traen agua y la extienden en gotas finas sobre las celdas; al evaporarse, enfría. Ostwald, Smith y Seeley (Journal of Experimental Biology, 2016) calentaron colonias en experimento: sin acceso al agua, el nido de cría subió a unos 43 °C; al devolverles el agua, la colecta pasó de unos pocos gramos a más de 20 g cada media hora y el nido bajó de 4 a 6 °C en tres horas. La reserva de agua en buches y celdas no basta sin una fuente cercana.
  • Salir. Es la barba: en tardes y noches de calor, cientos o miles de obreras cuelgan de la fachada, alrededor de la piquera. Hay menos cuerpos dentro produciendo calor. Sin realeras, la barba no es señal de enjambre.

El calor sostenido cambia también el nido: el trabajo de Weinberg y colaboradores sobre calor crónico encontró cría más dispersa y menos reservas de azúcar. Una cría salteada en agosto en Jaén no se juzga igual que en mayo.

La consecuencia práctica: bebedero con flotadores cerca, sombra en las horas centrales, tapas claras y piquera abierta del todo en julio y agosto.

¿Cómo se comunican las abejas?

Feromonas

Bortolotti y Costa repasan en su síntesis de 2014 las principales feromonas de la colonia:

  • la feromona mandibular de la reina, que mantiene a la corte, frena la cría de reinas y, a través de las obreras que la reparten, informa de que hay reina;
  • la feromona de cría, que las larvas emiten y que estimula a las nodrizas y la recogida de polen;
  • la feromona de Nasonov, que las obreras emiten levantando el abdomen y ventilando para guiar a sus compañeras hacia la piquera o hacia un enjambre posado;
  • la feromona de alarma, liberada al picar, con acetato de isopentilo, de olor parecido al plátano, que marca al intruso y recluta defensoras. El humo frío la enmascara.

A eso se suma la trofalaxia, el intercambio de alimento de boca a boca, que reparte comida y señales químicas por toda la colonia.

La danza del meneo

Karl von Frisch, premio Nobel en 1973, descifró la danza de las abejas. La pecoreadora que encuentra una fuente rica recorre en el panal, a oscuras, una figura en ocho; en el tramo central avanza en línea recta sacudiendo el abdomen: el meneo.

  • La dirección del tramo recto respecto a la vertical indica la dirección de la fuente respecto al sol.
  • La duración del meneo indica la distancia.

Kohl y Rutschmann (PeerJ, 2021) midieron cuánto dura ese meneo: de media 0,41 segundos para una fuente a 100 m y 2,2 segundos para una a 1,7 km. La relación no es lineal: el meneo se alarga deprisa hasta aproximadamente 1 km y luego más despacio. Para fuentes a pocas decenas de metros el meneo es tan breve que el baile parece un círculo: es la clásica danza en círculo de los manuales.

Decisiones sin jefe: el enjambre

Según la reseña de la Universidad Cornell sobre el libro de Thomas Seeley Honeybee Democracy (2010), unas dos terceras partes de las obreras salen con la reina vieja y se posan cerca. Unos cientos de exploradoras inspeccionan de 10 a 20 huecos y bailan para cada uno con más intensidad cuanto mejor es; cuando el mejor sitio reúne un umbral de abejas, el enjambre despega. Cómo anticiparlo está en el artículo sobre la enjambrazón.

¿Hay jerarquía en una colmena?

No en el sentido humano. La reina no manda y las obreras no reciben órdenes: cada una responde a lo que encuentra, una larva con hambre, una celda sucia, una pecoreadora que no logra descargar, y la suma de esas respuestas da un comportamiento colectivo coherente. Por eso se habla de superorganismo: la unidad que vive, se reproduce y muere es la colonia, no la abeja. De ahí una regla de manejo: la colonia responde a lo que le cambias. Si le das un cuadro con huevos estando huérfana, cría una reina; si le das espacio, lo ocupa.

La abeja ibérica y lo que cambia en España

La abeja de la Península es Apis mellifera iberiensis. Su ADN mitocondrial combina el linaje africano A y el europeo occidental M. Chávez-Galarza y colaboradores (Apidologie, 2017) encontraron en un estudio a gran escala 164 haplotipos nuevos y concluyeron que la Península es una gran fuente de diversidad de la especie. En el colmenar, la ibérica arranca rápido con las floraciones cortas, aguanta calor y sequía y tiene fama de enjambradora, aunque el carácter cambia mucho de una colonia a otra.

Además del clima, el manejo español moldea la colonia:

  • Puesta invernal y varroa. Donde la reina no corta del todo la cría, en la costa mediterránea, Andalucía baja y Canarias, la varroa sigue reproduciéndose y un tratamiento de invierno sin cría es más difícil de encajar que en el norte.
  • Alimentación de verano. Gil-Lebrero y colaboradores tuvieron que alimentar sus colonias de Córdoba en agosto, igual que en enero y febrero.
  • Trashumancia. Una colonia que pasa del azahar valenciano a la lavanda de la Alcarria vive varias primaveras en un año.

Cómo leer una colonia en el colmenar

En cada visita, cinco preguntas convierten la biología en manejo.

1. ¿Cuántas abejas tiene?

La medida más usada es el número de cuadros cubiertos de abejas, contados por las dos caras. Delaplane, van der Steen y Guzmán-Novoa (Journal of Apicultural Research, 2013) dan, para Europa, unas 1.100 abejas por cara de cuadro Langstroth totalmente cubierta y unas 1.400 por cara de Dadant, con una densidad de 1,24 a 1,25 abejas por cm², es decir, unas 125 por dm² de cara. Para el Langstroth norteamericano, con abejas más apretadas, dan 1.215. El cuadro Layens no está en su tabla; con su superficie de cera de 30 × 35 cm y la misma densidad europea sale un cálculo propio de unas 1.300 abejas por cara.

Cuadro Superficie por cara Abejas por cara cubierta Abejas por cuadro (dos caras)
Langstroth o Perfección 880 cm² unas 1.100 unas 2.200
Dadant 1.130 cm² unas 1.400 unas 2.800
Layens unos 1.050 cm² unas 1.300 (cálculo propio) unas 2.600 (cálculo propio)

Mira los cuadros a primera hora de la mañana o con fresco, cuando las pecoreadoras están dentro, y cuenta cuartos o mitades de cara. Los mismos autores advierten que hablar en «cuadros» es ambiguo y recomiendan anotar superficie; para uso diario, basta con anotar siempre igual y comparar.

2. ¿Cuánta cría y de qué edad?

Con unas 4 celdas de obrera por cm², según la misma referencia, una cara de Langstroth llena de cría tiene unas 3.500 celdas y una de Layens, por cálculo, unas 4.200. Más útil que la cifra es la proporción: huevos, larvas y operculada en placas concéntricas indican una puesta regular. Mucha cría operculada y pocos huevos pueden indicar que la reina ha frenado, por calor, por falta de polen o porque la colonia prepara un enjambre.

3. ¿Cuadra la cría con las abejas?

Las nodrizas tienen que poder cubrir y calentar la cría. El grupo de Mariano Higes en Marchamalo, hoy Centro de Investigación Apícola y Agroambiental (CIAPA), describió en Environmental Microbiology (2008) cómo la nosemosis por Nosema ceranae vacía una colonia: las pecoreadoras mueren fuera y al final quedan la reina, pocas abejas jóvenes, una placa de cría y las reservas intactas. Una colonia que pierde abejas mientras conserva cría y reservas, o con más cría de la que sus abejas pueden cubrir, merece un diagnóstico veterinario.

4. ¿Hay reina, zánganos y realeras?

Huevos frescos confirman reina. Celdas reales en el borde inferior de los cuadros, junto a muchos zánganos en primavera, indican enjambrazón; realeras en mitad del panal, sustitución u orfandad. Zánganos fuera de temporada, falta de huevos o varios huevos por celda indican problemas de reina.

5. ¿Tiene reservas y espacio?

Una corona de miel por encima y a los lados de la cría y una de polen alrededor indican una colonia que come bien. Si la miel baja hasta la cría y no deja sitio para poner, la colonia está bloqueada y en primavera prepara enjambre. En una Layens, eso se resuelve abriendo hacia los lados; en Langstroth o Dadant, poniendo alza a tiempo.

Lleva un cuaderno por colonia: cuadros de abejas, cuadros de cría, reservas, reina vista o huevos, varroa y fecha. Tres o cuatro visitas anotadas valen más que cualquier tabla general, porque describen cómo vive la colonia en tu comarca.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas abejas tiene una colmena?

En plena primavera, una colonia fuerte reúne unas 30.000 a 60.000 obreras, una sola reina y de unos cientos a unos miles de zánganos. En invierno quedan unos pocos miles de obreras y ningún zángano en el interior frío. En la costa mediterránea y en Canarias el bajón invernal es menor, pero en verano muchas colonias del sur pierden población.

¿Quién manda en una colmena?

Nadie. La reina no da órdenes: pone huevos y emite feromonas que informan de que está presente y es fértil. Las decisiones, como cuántas abejas salen al campo o adónde se muda un enjambre, salen de miles de contactos entre obreras. Por eso se habla de superorganismo y no de jerarquía en el sentido humano.

¿Cuánto vive una abeja obrera?

Depende de cuándo nace. Una obrera de primavera o verano vive unas cinco o seis semanas, gastada por el pecoreo. Una abeja de invierno, nacida en otoño, puede vivir varios meses: se han registrado pecoreadoras de más de 280 días. En el sur, con cría casi todo el año, la frontera entre ambas es menos marcada.

¿Por qué las abejas se ponen en la piquera en verano?

Es la barba. En noches y tardes de calor, cientos o miles de obreras salen y cuelgan en la fachada para que dentro haya menos cuerpos generando calor y el aire circule. A menudo va acompañada de ventiladoras en la piquera. No es señal de enjambre si no hay realeras: es refrigeración. Da sombra, ventilación y agua cerca.

¿Qué hacen los zánganos y cuándo los echan?

Fecundan reinas jóvenes, de su colonia o de otras, en zonas de congregación en el aire. No pecorean, no construyen y no pican. El que se aparea muere. Cuando el néctar se corta, las obreras dejan de alimentarlos y los expulsan, normalmente al entrar el otoño. Si el verano seco corta antes la floración, puede adelantarse; en Canarias se ven zánganos todo el año.

¿Qué es una abeja de invierno?

Es una obrera nacida a final de verano u otoño con cuerpo graso desarrollado, mucha vitelogenina y poca hormona juvenil. Cría poco, gasta poco y calienta el racimo hasta la primavera. Si la varroa daña la cría de esas semanas, nacen abejas de invierno débiles y la colonia se despuebla antes de que llegue el romero.

¿Cuántos cuadros de abejas debe tener una colmena fuerte?

Depende del modelo y de la época. Como referencia europea, un cuadro Langstroth o Perfección cubierto por las dos caras lleva unas 2.200 abejas y uno Dadant unas 2.800; para uno Layens, un cálculo propio por superficie da unas 2.600. Anota cuadros cubiertos en cada visita: la comparación entre visitas dice más que una cifra aislada.

¿Cómo se comunican las abejas?

Por olor, contacto y baile. Las feromonas de la reina, de la cría y de las obreras regulan casi todo, y el intercambio de alimento boca a boca reparte información. Para indicar flores lejanas, la pecoreadora baila la danza del meneo en el panal: el ángulo indica la dirección respecto al sol y la duración del meneo, la distancia.

Fuentes

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